viernes, 11 de marzo de 2016

Campeón de campeones (1989, Robert Radler) Best of the Best


La selección nacional de taekwondo de los Estados Unidos va a enfrentarse a Korea. Pese a que son buenos deportistas, a priori nada tienen que hacer contra los cinco koreanos que son considerados como los mejores del mundo. Además, deberán sobreponerse a sus diferencias individuales y problemas personales para lograr formar un verdadero equipo ...


Salvar una vida con una derrota es ganar victoria de honor en el interior.


Una de las películas favoritas de artes marciales de mi infancia. Y es que, a pesar de ser una golosina para degustadores del subgénero, se aleja de los tan manidos estereotipos que solían caracterizar a este tipo de producciones que copaban las estanterías de los videoclubs.

En Campeón de campeones no existe el típico héroe protagonista que reparte cascoporros a mansalva (pese a que algunos personajes tengan más peso que otros: en este caso Tommy Lee y Alex Grady) , en su lugar, son cinco luchadores que pese a su peculiar forma de ser y de pelear deberán olvidar sus diferencias para poder actuar como un equipo. Así, Virgil (John Dye) es muy pacífico y practica budismo, Sonny Graso (David Agresta) es todo un conquistador y Travis Brickley (Chris Penn) es un pendenciero. Pero los dos personajes que tienen más peso en la película son Alex Grady (el mítico Eric Roberts), un desconsolado viudo que cuida solo de su hijo pequeño y que lidia con una terrible lesión sufrida años atrás; y Tommy Lee (Phillip Rhee, quien ideó la historia y produjo la película), un fuera de serie traumatizado al tener que enfrentarse al despiadado Dae Han Park ( Simon Rhee), el luchador que mató en combate a su hermano. El equipo lo completan Frank Couzo (James Earl Jones), un férreo entrenador que terminará por mostrar su lado más tierno, y Catherine Wade (Sally Kirkland), quien les aportará paz y fortaleza mental. En cuanto al equipo coreano, destacan los actores Simon Rhee y James Lew, ambos espectaculares actores marciales y especialistas con una experiencia profesional que quita el hipo. Curiosamente, siendo Simon Rhee el hermano de Phillip Rhee, es su personaje el que mata en combate al hermano ficticio de Tommy Lee y quien se enfrentará a él en épico combate (hermanos en la realidad y enemigos en la ficción).




En realidad, en Campeón de campeones las escenas de acción son mínimas (la mayoría son las ecenas de los combates finales) y todo el metraje previo es una excusa para profundizar en las relaciones entre las distintas personalidades de los protagonistas y su evolución hasta llegar a formar un verdadero equipo. Las peleas más importantes son internas. Además, nos habla de temas tan importantes como la amistad, el honor, el sacrificio y el perdón por encima de la venganza personal. El momento más emotivo y recordado sucede cuando Tommy, tras perdonarle la vida y a costa de perder el campeonato, recibe la medalla a manos de un Dae Han Park (recordemos que este había matado a su hermano) visiblemente emocionado y que pronuncia una de las frases más maravillosas que podemos encontrar en una película de artes marciales: "salvar una vida con una derrota es ganar victoria de honor en el interior". Os juro que aún se me pone un nudo en la garganta con esta escena.

Lo dicho, una de mi películas de artes marciales preferidas.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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miércoles, 9 de marzo de 2016

Alien nación (1988, Graham Baker) Alien Nation


Los Angeles,1991, hace pocos años que una nave extraterrestre cargada con 300.000 esclavos alienígenas ha aterrizado en la ciudad y sus tripulantes acogidos por la autoridades...


Graham Baker (Impulso infernal, El final de Damien) dirige esta curiosa mezcla de buddy cop movie y ciencia ficción producida, entre otros, por Gale Anne Hurd (Terminator, Aliens, Terminator 2 ...), en la que la relación entre los detectives Sykes (James Caan), un humano que ha perdido recientemente a su compañero de mano de un alienígena, y Samuel George Francisco (Mandy Patinkin), el primer detective extraterrestre, encierra un trasfondo que saca a relucir problemas universales como los surgidos de la convivencia entre culturas distintas o el racismo (es una clara precursora de Distrito 9).

Si bien resulta interesante por su propuesta - y sobre todo cuando se nos desvela el terrible pasado de los visitantes y la producción de la droga Jabroka a cargo del malvado William Harcourt (Terence Stamp) – la película me resulta muy superficial al no profundizar en la cultura alienígena, o en esos problemas de convivencia entre especies distintas; cosa que hubiera dado mucho más jugo: y es que es poca la información que tenemos de los visitantes aparte de su aspecto (maquillaje a cargo de los Stan Winston Studios), que se emborrachan con leche agria, se pirran por el castor o que el agua salada es para ellos un ácido. Supongo que esta superficialidad viene condicionada por el formato fílmico, y es por eso indispensable recordar que (a pesar de no haber sido un boom en taquilla) dio lugar a una serie, varias películas para la televisión, cómics e incluso novelas; una franquicia que la enriquece profundamente.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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viernes, 4 de marzo de 2016

El club de los poetas muertos (1989, Peter Weir) Dead Poets Society



“Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así; y siempre así será”.

“¡Oh, Capitán, mi Capitán!”.



Dirigida por un Peter Weir (para mí un maestro en el séptimo arte) quien ,como en la mayoría de sus películas, imprime su genuína y alternativa visión del mundo y de la vida (recordemos La última ola, Galipolli, Único testigo, La costa de los mosquitos, El show de Truman ...), El club de los poetas muertos es  un clásico ochentero que cautivó a crítica y público recaudando la increíble cantidad (sobre todo para tratarse de un drama) de casi 236 millones de dólares y cosechando multitud de premios. La película narra la relación entre un nuevo profesor de literatura  y sus alumnos  en uno de los internados más prestigiosos, estrictos y exigentes a finales de los años 50 en el noroeste de los Estados Unidos. La historia es obra del guionista Tom Schulman, quien se basó en sus propias experiencias como estudiante. A destacar también la música del ganador de tres Oscars, Maurice Jarre.

El club de los poetas muertos supone una visión rupturista contra los valores establecidos en cuanto a la educación académica y familiar por la que muchos jóvenes se vieron oprimidos en ese tiempo y lugar, pero que se puede generalizar a muchos ámbitos  (seguro que muchos nos sentimos identificados). Y es que John Keating - un magnífico Robin Williams al que Weir dio manga ancha a la improvisación – ejemplariza el ariete que pretende desmontar ese rígido sistema por el que los alumnos de la Welton Academy se ven costreñidos y que ven en él una válvula de escape hacia mundos inexplorados y llenos de posibilidades, hasta entonces, inéditas. 



Keating no enseña literatura. Keating supone un choque frontal a sus mentes bisoñas repletas de información académica , pero vacías del jugo de la vida. Carpe Diem, es la primera lección de Keating: aprovechad el momento, pues cuando menos esperéis estaréis criando malvas. 

“Toma las rosas mientras puedas;
veloz el tiempo vuela,
la misma flor que hoy admiras
mañana estará muerta”.

Pero también versan sobre el amor, el aceptar puntos de vista diferentes, la búsqueda de las pasiones, de los sueños, el seguir un camino propio ...

"Todos necesitamos ser aceptados, pero deben entender que sus convicciones son suyas. Aunque a los otros les parezcan raras o impopulares, aunque el rebaño diga "eso esta maaaal" (como si estuvieran balando)... deben encontrar su propio paso, su propia manera de caminar, en cualquier dirección, como quieran, sea ridícula, orgullosa, como sea".

Y por supuesto, sus enseñanazas son una delicia para todo amante de la literatura. Autores como Walt Whitman, Shakespeare, Robert Frost, Alfred Lord Tennyson y Lord Byron .

"No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (...). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería... son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos" .



Como veis, la película está repleta de frases memorables. Pero no se puede afrontar la película aceptándo sin más sus enseñanzas de un modo ciego y dogmático. El propio Keating cae, en varias ocasiones, en los mismos errores de dogmatismo que el achaca a la educación que se imparte en la Welton Academy. En mi opinión, tan sectaria es la enseñanza en el centro como obligarles a arrancar la introducción de Evans Prichard o el saltarse el estudio de autores realistas. ¿Por qué sólo centrarse en el romanticismo y obviar los estudios filosóficos y otro tipo de literatura? Ese es la mayor pega de Keating: en ocasiones actúa de la misma manera que el enemigo a quien pretende combatir. 

No obstante, la película no resulta tan maniquea, y consta de varios momentos en los que equilibra un poquitín la balanza. Uno es cuando abronca a un alumno que pretende que lo expulsen bajo su consigna del Carpe Diem inculcándole la virtud de la prudencia. Otro es cuando el joven Todd (Ethan Hawke, quien quedó impresionado con Robin Williams como actor) , escribe la consigna del  Carpe Diem en una hoja para, tras la visión del tocho de libros que tiene que estudiar, arrugarla y lanzarla a la papelera. Y es que, ¿cómo diablos va a aprovechar el momento bajo esas circunstancias?

Al final, todo ese optimismo y vitalidad desbordantes se ven aplastadas por la cruda realidad. Y el Club de los poetas muertos , y como no, Keating, van a ser el chivo expiatorio por la directiva como consecuencia de la muerte de Neil , uno de sus más insignes estudiantes (Robert Sean Leonard), quien prefiere suicidarse a seguir el camino implantado por su padre y que le obliga a renunciar a su pasión: el teatro. 

Pero este final tiene un matiz agridulce cuando, en lo que es una de las escenas más emotivas que nos ha dado el séptimo arte, muchos de ellos vuelven a rebelarse al subirse encima de sus pupitres al grito de: “¡Oh, Capitán, mi Capitán!”.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




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miércoles, 2 de marzo de 2016

Pesadilla en Elm Street 5: El niño de los sueños (1989, Stephen Hopkins) A Nightmare on Elm Street: The Dream Child


Un año después de los acontecimientos ocurridos en Pesadilla en ElmStreet 4: El amo del sueño (1988, Renny Harlin), Alice (Lisa Wilcox) y Dan (Danny Hassel) continúan su relación al tiempo que se gradúan en el instituto en compañía de sus nuevos amigos Greta, Mark e Yvonne. Freddy Krueger no ha dado señales de vida, pero cuando Alice se queda embarazada las pesadillas no tardar en regresar ...


Curiosamente, la historia de esta quinta parte había sido ofrecida a la New Line por el guionista Leslie Borden para Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño. El guión, lógicamente, fue rechazado, pero años después la New Line contactó de nuevo con Borden para materializar su propuesta de manos del desconocido director Stephen Hopkins (recordemos que salvo Wes Craven, todas las partes anteriores también fueron dirigidas por novatos) al que dieron dos meses de plazo para entregar la película. En coherencia con la anterior secuela, El niño de los sueños continúa la historia ahí donde la dejó El amo del sueño, Lisa Wilcox y Danny Hassel repiten en sus papeles de Alice y Dan y, por supuesto, Englund hará de las suyas como Freddy.



El niño de los sueños, si bien alejada de ese terror espectacular y festivo de la tercera y la cuarta parte, amerita virtudes que la ensalzan como una película bastante superior a lo que la recordaba. Y es que marcada a fuego con un tono deliberadamente oscuro y gótico despliega una atmósfera opresiva y una imaginería visual apabullante que hará las delicias de cualquier amante del cine fantástico y de terror. Para lograr esto se basa en el uso del filtro azul en la iluminación, grandilocuentes decorados (como el del sanatorio mental) y la inquietante música de Jay Fergusón. Además, algunas de las secuencias oníricas son tan impresionantes como la fusión del hombre y la máquina que protagoniza Dan junto a su moto o la la lucha de Mark y "Super Freddy" dentro de un cómic.







Pero su trama no se queda atrás en cuanto oscuridad y - quizás con un ritmo más lento a lo que estamos acostumbrados - pone encima de la mesa temas tan controvertidos como la anorexia, la conducción bajo los efectos de bebidas alcohólicas, la maternidad juvenil o el aborto y el derecho de la madre a decidir. Al tiempo, nos muestra el origen de Freddy con la escena de violación de los cien maníacos a una monja (Amanda Krueger, su madre).





Pienso que esta temática dura e "incómoda" y el lógico cansancio que se presupone tras cinco partes son los responsables de la tibia acogida por parte de un público que reaccionó mal en taquilla (con 22 millones de dólares fue la recaudación más baja hasta entonces) y que , en general, la considera una de las peores de la saga. Hay quien echa la culpa a un mal guión en el que el regreso de Freddy a través de los sueños de un niño no nato no tiene ni pies ni cabeza, pero si os paráis a pensar, después de la pesadilla homoerótica que supuso La venganza de Freddy, y su resurrección en El amo del sueño por medio de una meada de perro, lo descabellado es sugerir que esta trama sea descabellada ...


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




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jueves, 25 de febrero de 2016

Footloose (1984, Herbert Ross) Footloose


Y fue el rey David, sobre el que leemos en el libro de Samuel : ¿y qué hizo David? David bailó delante del señor con todas sus fuerzas, saltando y bailando delante del señor. ¡Saltando y bailando!


Y el Eclesiastés nos asegura que todo cuanto se hace bajo el sol tiene su tiempo: tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse y también tiempo de danzar.



Tras unos créditos iniciales en los que vemos unos pinreles bailando al ritmo de la marchosa canción que da nombre a la película (Footloose , Kenny Loggins, la cual se repetirá varias veces durante el largometraje) viajamos a un remoto pueblo de la américa profunda para escuchar un sermón del reverendo Shaw Moore (el polifacético John Lithgow) en el que se condena al infierno a la literatura obscena, a la música rock... y al baile, una actividad que , de hecho, está legalmente prohibida. Un cambio de registro que nos sintetiza de forma clamorosa las dos posturas que colisionarán como motor propulsor de la acción: Ren (Kevin Bacon), joven forastero oriundo de Chicago, representa las "modernas" y disolutas costumbres de los jóvenes de la gran ciudad; el reverendo Moore y acólitos promulgan el estilo de vida tradicional y el respeto a las normas de la comunidad.
No se hará esperar el estallido que provoca la presencia de Ren, que como un huracán azota todo a su paso, no sólo porque resulta ser un excelente bailarín, sino porque removerá los cimientos de una moral anquilosada - que llega a mostrar el feroz rostro del fanatismo - al tiempo que inicia una relación sentimental con la temeraria hija del reverendo (Lori Singer)



Footloose funciona de maravilla como película juvenil al estilo de Dirty Dancing o Flash Dance, pero resulta más profunda al ahondar en ese conflicto generacional y cultural. No obstante, aparte de la seriedad de la trama, el espectador podrá disfrutar de escenas de baile espectaculares, peleas, romances y otras escenas emocionantes como el duelo de tractores o la de Ariel en equilibrio entre dos coches; todo ello sin desdeñar el humor y acompañado por una gran banda sonora encabezada por la ya nombrada Footloose de Kenny Loggins y Holding Out For a Hero de Bonnie Tyler, y que incluye temas de Sammy Hagar, Deniece Williams o Shalamar, entre otros. Todo rebosa de ese espíritu juvenil tan característico de los ochenta y del que mucho tiene que ver un joven elenco actoral que incluye a Kevin Bacon, Lori Singer, Chris Penn y Sarah Jessica Parker; jóvenes talentos que cohabitan con veteranos como John Lithgow, Dianne Wiest o Frances Lee McCain, muy bien dirigidos por Herbert Ross (Sueños de un seductor, El secreto de mi éxito, Magnolias de acero).

Un clásico ochentero juvenil que triunfó en taquilla recaudando más de ochenta millones de dólares y que no se libró del consabido remake en 2011.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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martes, 23 de febrero de 2016

Loca academia de policía 6: Ciudad sitiada (1989, Peter Bonerz) Police Academy 6: City Under Siege

Voy a finiquitar (de una vez por todas, os lo juro por Snoopy) con una saga ya sumamente desgastada, y de cuya parte me ocupo simplemente por el hecho de terminar lo empezado. 

De esta sexta parte (pero no última, puesto que en 1994 sí se cerró el ciclo con LOCA ACADEMIA DE POLICÍA: MISIÓN EN MOSCÚ) se ocuparía un director con una amplia experiencia en televisión (de hecho creo que esta es su única película en formato no televisivo) llamado Peter Bonerz. En esta ocasión nuestros héroes acuden al distrito del inefable capitán Harris (siempre secundado de Proctor) para ayudarle a detener a unos patéticos ladrones que están arrasando con la zona. De nuevo acompañados de Nick (Matt McCoy en la que será su última aparición en la saga), sustituyendo a Mahoney en la piel del sobrino del comandante Lassard (el recientemente difunto George Gaynes), el resto del reparto es fiel a anteriores entregas: Hightower, Tackleberry, Jones, Callahan, Hooks ... Con la  novedad de que se une después de dos películas ausente el gafe sargento Fackler (Bruce Mahler).

Poco más que decir. Quien ha visto una ha visto todas y los artífices de la saga nunca han querido arriesgar con nuevas propuestas en ningún momento. Este supuso el principio del fin con los pobres resultados de taquilla (once millones y medio cuando las demás superaron los 20) sólo superada por el descalabro de Misión en Moscú.

Descansa en paz comandante Lassard.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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jueves, 18 de febrero de 2016

Diner (1982, Barry Levinson) Diner


Portentoso debut a la par de atípico que conecta directamente con películas como American Graffiti (1973, George Lucas), aunque proviniendo de un director tan ecléctico como Barry Levinson (El secreto de la pirámide, Rainman, Sleepers, Esfera …) no resulta precisamente chocante.

Diner cuenta las andanzas de un grupo de veinteañeros de Baltimore a finales de los años 50. Combinando drama y humor nos habla de sus problemas, anhelos y pasiones en su etapa de transición a la vida adulta para ofrecernos un retrato universal del modo de vida del joven medio en aquel momento y lugar y construir un relato semi-autobiográfico de esta historia coral de la que también fue guionista. Para ello reclutó a un grupo de actores novatos primando la homogeneidad del grupo frente a estrellas individuales; no obstante, es difícil no hacer comparaciones y no ver que un tío como Mickey Rourke se zampa al resto de compañeros (entre los que se encuentras Steve Guttenberg, Daniel Stern, Kevin Bacon, Tim Daley y Paul Reiser) con patatas y salsa.



Para disfrutar de Diner hay que olvidarse de un relato lineal y zambullirse en distintas situaciones que varían entre discusiones absurdas en cafeterías a altas horas de la madrugada, conversaciones eruditas sobre música y la cruzada de Robert (Rourke) para pagar sus deudas. Y si por algo destaca es por la naturalidad que destilan sus secuencias. Para ello Levinson potenció mucho la relación de camaradería del reparto fuera de las cámaras y dio pie a múltiples improvisaciones cuando bajaba la claqueta.


En taquilla resultó un éxito modesto recaudando unos catorce millones con un presupuesto de cinco, pero en cuanto a críticas los resultados fueron excelentes. 


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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